Las redes sociales pueden estar controlando tu mente, aprende a tomar el control

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A menos que hayas vivido estos últimos 10 años dentro de una caja fuerte, de seguro has sentido el impacto de las redes sociales en tu vida, de una forma u otra.

Es más, de seguro para salir de esa caja fuerte tengas que contactar a tu cerrajero a través de su Twitter o en su perfil de Facebook. Las redes sociales son omnipresentes, potencialmente conectando a todos los seres humanos por primera vez en la historia.

Pero ¿cómo vivir la vida que quieres, evitando las distracciones y manipulaciones de los demás? Para ello necesitas saber cómo trabaja tu mente. “Conócete a ti mismo”, nos decían los antiguos sabios. Lamentablemente, a menudo somos muy malos justamente en eso.

Por el contrario, otros nos conocen cada vez mejor. Nuestra inteligencia, orientación sexual y mucho más se puede calcular a partir de nuestros gustos en Facebook.

Sean Parker, el primer presidente de Facebook, ha hablado recientemente sobre el proceso creativo que se puso en marcha para construir esta red social. Lo resumió en la siguiente inquietud:

“¿Cómo saber lo que consumen y mantener su atención todo el tiempo que sea posible?”

Para hacer esto, el usuario tenía que ser recompensado: “Un golpe de dopamina de vez en cuando, cuando alguien comenta o dice que le gusta una publicación nuestra. Y conseguirás que el usuario contribuya aún más.”


“Es exactamente el tipo de cosa que un hacker como yo…”, continúa diciendo Parker, “…inventaría para explotar una vulnerabilidad de la psicología humana… Lo entendíamos conscientemente pero lo hicimos de todos modos.”


Las necesidades humanas crean vulnerabilidades humanas

¿Cuáles son estas vulnerabilidades? El ser humano tiene una necesidad fundamental de pertenecer y un deseo fundamental de status social. Como resultado, nuestros cerebros tratan la información sobre nosotros mismos de forma especial.

La información relacionada con nuestra reputación y rango social es particularmente importante. Hemos evolucionado para ser sensibles a esto. Los sitios de redes sociales nos atraen porque involucran información auto-relevante y tienen que ver con nuestro estatus social y reputación.

Cuanto mayor sea tu necesidad de pertenecer y ser popular, y cuanto más fuertes sean los centros de recompensa de tu cerebro que respondan a la mejora de tu reputación, más irresistible será la influencia del sitio.


¿Las redes sociales son adictivas?

El juego es adictivo porque no sabes cuántas apuestas tendrás que hacer antes de ganar. Cuando compruebas Facebook no puedes predecir si alguien te habrá dejado información auto-relevante o no.

Las redes sociales son máquinas tragaperras que pagan con información auto-relevante. Es por eso que miles de millones de personas tiran de sus palancas una y otra vez. Entonces, ¿pueden ser adictivas?

Se ha argumentado convincentemente que el uso excesivo de las redes sociales lleva a síntomas asociados con la adicción.

Esto incluye preocuparse por estos sitios, usarlos para modificar su estado de ánimo, la necesidad de usarlos cada vez más para obtener los mismos efectos, y sufrir efectos de abstinencia cuando el uso cesa.


Recuperar el control

Las empresas podrían rediseñar sus sitios para mitigar el riesgo de la adicción. Podrían utilizar la configuración predeterminada de exclusión voluntaria para las características que fomentan la adicción y facilitan que las personas autorregulen su uso.

Sin embargo, algunos afirman que pedir a las empresas tecnológicas “ser menos buenas en lo que hacen bien” es algo ridículo. Por lo tanto, puede ser necesaria una regulación gubernamental, tal vez similar a la que se usa con la industria tabacalera.

Por último, los usuarios podrían fortalecerse a sí mismos. Ya es posible limitar el tiempo en estos sitios usando aplicaciones como Freedom, Moment y StayFocusd.

La mayoría de los usuarios de Facebook se han tomado un descanso voluntario de Facebook, aunque esto puede ser difícil.

“Yo soy el amo de mi destino, yo soy el capitán de mi alma,” corren las famosas líneas de Invictus. Lamentablemente, las generaciones futuras pueden encontrarlas incomprensibles.